lunes, 19 de julio de 2021

El tiempo del amor, los amigos y las aventuras

Quizás un subgénero cinematográfico con entidad propia sea el de las películas de veranos y de playas. Serían películas vacacionales, de tiempos muertos, ocio, paseos, oportunidades, flirteos, aprendizajes, despedidas, viajes, nuevos planes, viejos planes, entradas, salidas, pérdidas de tiempo, sobre estar fuera de lugar, sobre dejarse llevar.



El primero de la lista, por afinidad y por volumen, es Éric Rohmer. Aparte de los ciclos que él mismo dejó establecidos, los cuentos morales, las comedias y proverbios y los cuentos de las cuatro estaciones, una manera de agrupar algunas de sus películas serían las películas rohmerianas de veranos y de playas. Cuento de verano, lógicamente, también El rayo verde, que es mi Rohmer preferido, Pauline en la playa, La coleccionista, La rodilla de Claire, el desenlace de Mi noche con Maud, que paradójicamente es una película invernal. Tengo dudas de Nadja en París y de El amigo de mi amiga, que no son de playas, pero me parece recordar que sí de veranos. Serían entonces veranos urbanos, un subgénero dentro del subgénero.


Si Rohmer es el primero, Jacques Rozier sería el siguiente y desde luego el que más específicamente abordó el subgénero. Sus dos películas principales, Adieu Philippine y Du côté d'Orouët, son esencialmente vacacionales y tan distendidas como sólo puede serlo un veraneo libre y sin rigideces. Adieu Philippine trata de un chico que ocupa su tiempo con dos chicas, en sus últimos días antes de incorporarse al ejército durante la guerra de Argelia, y Du côté d'Orouët trata, estrictamente, de un veraneo. Empieza en los últimos días laborales de agosto de un grupo de amigas en una oficina y cómo se van de vacaciones a una casa en la playa y termina con la reincorporación al trabajo en septiembre. Quizás sea de las películas que mejor han recogido la melancolía de los últimos días de vacaciones, la sensación del final del verano, cuando los veraneantes se empiezan a ir y se acaba la fiesta, y la de los primeros días de septiembre, cuando se regresa obligado a la vida anterior. Rozier, que aún vive, ha salido en la prensa últimamente, por la posibilidad de que a sus 94 años sea desahuciado del piso alquilado en que vive con su mujer.


También Jacques Rivette hizo del verano un contexto que explorar en sus películas. Céline y Julie van en barco es de veranos urbanos, cuando las ciudades se vacían y se redescubren los viejos lugares con otra mirada, más limpia y dispuesta a dejarse sorprender. Cuando, bajo la mirada de un gato ocioso, se sigue el rastro de alguien que cruza con mucha prisa y París se convierte por azar en el país de las maravillas. Aunque me gusta menos, veraniega es París nos pertenece, sobre una estudiante que se queda en París en verano y cómo descubre y se ve envuelta en una extraña conspiración, algo que el resto del año, en otras condiciones, no hubiera ocurrido. También Alto, bajo, frágil, en la que Rivette volvía sobre la idea de chicas que se quedan solas en París en verano y les ocurren cosas extrañas, misteriosas o extravagantes, que no les hubieran ocurrido de otro modo. La bella mentirosa, aunque ocurra en verano y sea, por otra parte, una película maravillosa, no me parece que sea un ejemplo de película de verano, ni de veraneos. Tampoco El último verano, el título español que le endosaron a la última película de Rivette. El título original era otro y no tenía nada que ver, ni contenía referencias al verano.



Billy Wilder tuvo unos cuantos veranos memorables. La tentación vive arriba, sobre un rodríguez y sus fantasías a propósito de una nueva vecina rubia. Está Avanti!, sobre unos días en otro país, con otras personas, otro tiempo y otra lengua. Quizás una película que merece mejor renombre del que tiene. Otra es Con faldas y a lo loco, que transcurre en gran parte en Florida, pero no creo que sirva como ejemplo. El argumento va por otra parte y no explota la idea del veraneo.


Hay películas que recuerdo como muy calurosas, pero no especialmente veraniegas. Me ocurre con muchas asiáticas. Se me vienen a la cabeza imágenes de algunas películas de Hou Hsiao-hsien y dudo de si sirven. Casi siempre parece hacer mucho calor y humedad, pero sinceramente desconozco cuánto de eso es estacional u ocasional o si es que su clima es siempre así. Un verano en casa del abuelo sí es absolutamente vacacional y veraniega. Quizás también algunos momentos de Los chicos de Fengkuei, pero luego no sabría decirlo de otras. Y otro tanto con Edward Yang. Es tentador incluir Un día de verano, porque, ah, lleva la palabra verano en el título. Sólo que ése no es su título. La llamaron así para la difusión internacional, pero el título original no hacía referencia al verano, ni parecido, sino a un crimen que ocurrió en los años sesenta en Taiwán y del que, ciertamente, se ocupa una parte de la película. Hong Sang-soo sí tiene algunas películas marcadamente veraniegas. Aunque sea porque Noche y día transcurre durante unos días de verano que un chico coreano pasa de visita en París, o porque La cámara de Claire, aparte de homenajear a Rohmer en su título, se sitúa en la playa en días amarillos de verano. De los japoneses clásicos, Ozu puso nombres de estaciones a varias de sus películas. En lo veraniego, una es El principio del verano. Paradójicamente, la que aquí se llama El otoño de los Kohayagawa tiene como título internacional The end of summer. Naruse tiene Nubes de verano. Mizoguchi tiene Cuentos de la luna pálida, título que a veces se cita extensamente como Cuentos de la luna pálida después de las lluvias de agosto. Con todas ellas dudo de si sirven, porque no hay una incidencia especial de lo estival, más allá del título que tienen.


Ahondando en el cine americano, quizás la más bonita película vacacional sea la gran Vacaciones en Roma, de William Wyler, que cumple muchos criterios: verano, estancia en ciudad desconocida, deambular sin rumbo fijo, encuentro y flirteo con personas desconocidas, aprendizaje personal. Me gustan mucho y podrían encajar La taberna del irlandés y Barco a la deriva, de John Ford. Quizás no sean estrictamente veraniegas, pero sí muy distendidas y joviales. También dos películas de Hitchcock: La ventana indiscreta, que sucede en un caluroso verano que obliga a dejar las ventanas abiertas, y Atrapa a un ladrón, vacacional y de extranjeros que corren aventuras en localidades playeras de otro país. Moonrise kingdom, de Wes Anderson, con la bonita escapada romántica a la playa de dos jovencitos, mientras oyen canciones de Françoise Hardy. Hubo un tiempo en que se hacían películas de veranos y campamentos juveniles, pero no recuerdo ninguna por su título. En mi cabeza todas se llaman “El campamento de los albóndigas” y en todas salen Bill Murray y Michael J. Fox. Hay una película mucho más reciente, Adventureland, de Greg Mottola, que transcurre en un parque de atracciones, durante un verano de la adolescencia, pero que cumple todos los criterios de las de campamentos: verano, romance juvenil, aprendizaje personal, la melancolía de septiembre. De veranos juveniles de mochileros podría ser Antes del amanecer, de Richard Linklater. Un clásico de las películas de veranos podría ser Verano del 42, en la línea de despedida de la infancia. 10, la mujer perfecta, de Blake Edwards, sería una excelente película de playas y crisis de la mediana edad. Su juego favorito, de Howard Hawks, si no es veraniega lo parece y, si no es de campamentos, es de concursos de pesca. Como las antes citadas de Ford, es distendida y jovial y también una de las películas que más me han hecho reír en la vida. Woody Allen habrá hecho de todo en todas las estaciones y es complicado acordarse. Por lo menos algunas escenas de Hannah y sus hermanas transcurren en verano y al menos algunas de Todos dicen I love you transcurren durante unas vacaciones. Se podría pensar también en La comedia sexual de una noche de verano, pero de memoria no recuerdo cuánto hay de específicamente veraniego, aparte del título.


Esa película de Allen nos obliga a recordar a Bergman y su Sonrisas de una noche de verano. Juegos de verano es romántica, estival y juvenil y también lo es Un verano con Mónica, que además es uno de los más grandes veranos cinematográficos que se hayan hecho. Las escenas más nostálgicas de Fresas salvajes venían de la evocación de los veranos de juventud. Algún segmento de Persona está situado cuando las dos mujeres se van a la casa de la playa a apartarse un poco del mundo. Pero Persona es de las películas de tono más grave de Bergman y no creo que encaje en la ligereza de lo que entiendo como cine de verano. Siguiendo con otros ejemplos del cine europeo, estaría Chantal Akerman y dos películas suyas, Toda una noche y Noche y día. La segunda la incluyo porque es completamente veraniega, pero no me entusiasma. Toda una noche, sí, mucho. Es de las películas grandes de Chantal Akerman y ha dejado su huella. Muchas de las imágenes que puedan verse más frecuentemente de personas solas en un entorno urbano, en una noche de verano, remiten a esa película, sea de modo consciente o no. El verano de Jacques Tati y su Las vacaciones del señor Hulot, claro. Y siguiendo con el cine francés estarían Renoir y Una partida de campo y La comida en la hierba, Assayas y Las horas del verano, Carax y Mala sangre, Téchiné y Los juncos salvajes, Jean Rouch y Crónica de un verano, Michel Deville y Noche de verano en la ciudad, Maurice Pialat y los primeros minutos de A nuestros amores, otra película que ha dejado una inmensa huella, rastreable pero no siempre expresamente reconocida en el cine francés. Tengo dudas con Un verano ardiente, de Philippe Garrel, que no recuerdo, a pesar de su título, como especialmente veraniega y desde luego no es muy diferente en su tono de otras películas invernales de Garrel. Y también las tengo con Mes petites amoureuses, de Jean Eustache, aunque en este caso me inclino a favor. Puede que no sea completamente veraniega, pero algo tiene: las visitas al pueblo, las pandillas de amigos, las diferencias de cómo han evolucionado unos y otros un año después de verse la última vez.


En el cine italiano me acuerdo de Nanni Moretti y el paseo en Vespa por una Roma desierta en agosto en el primer episodio de Querido diario. Las tres películas famosas de Antonioni transcurren en días de verano, La aventura, La noche y El eclipse, las tres caracterizadas por la idea de la caducidad de las relaciones personales. La gran belleza, de Sorrentino, es excesiva y grandilocuente, pero al fin y al cabo todo el secreto que encierra su personaje es un puro verano que se busca y no se encuentra. En otras latitudes, se me vienen algunos ejemplos veraniegos de Tarkovsky. En La infancia de Iván, los sueños del protagonista son recuerdos felices de juegos infantiles con su hermana en la playa. En El espejo, tienen un contexto veraniego y de buen tiempo las partes que se corresponden con recuerdos infantiles del narrador o con recuerdos de sus padres en esa época.


Veraneos del cine español también los hay. Los exiliados románticos, de Jonás Trueba, y La virgen de agosto, son ejemplos perfectos. Sobre todo la segunda, que explora la idea de tratar de mirar con otros ojos y redescubrir la ciudad propia y que hace de los encuentros y las idas y venidas amistosas y románticas toda su razón de ser. Además, refleja una ciudad con verbenas de verano, personas que se encuentran y quedan, con vida en sus fotogramas, que ahora con la pandemia del coronavirus a mí me da mucha nostalgia recordar. Novio a la vista, de Berlanga, con guión de Edgar Neville, es de playas mediterráneas, veraniega y encantadora. Cría cuervos, de Saura, es maravillosa, pero le ocurre como a Persona. Su tono es tan sombrío y opresivo, que por mucho que suceda durante unas vacaciones escolares, es casi una antítesis de lo que entiendo por cine de verano. Fedra, de Mur Oti, es playera y mediterránea, pero no sabría recordar si particularmente veraniega. Y, por último, veraniega y vacacional sí es El próximo otoño, de Antonio Eceiza, con guión de Víctor Erice, y su flechazo de un chico español por una chica francesa que está pasando unos días aquí.



jueves, 28 de enero de 2021

Una lista de listas

Mathieu Amalric en Tres recuerdos de mi juventud (2015), de Arnaud Desplechin

...Je me souviens, je me souviens. Georges Perec y su querencia por las enumeraciones y por pensar y clasificar. Joe Brainard y su Me acuerdo. Marcel Proust y su En busca del tiempo perdidoArnaud Desplechin y Jonás Trueba, que beben un poco de todos ellos...

Dejo una entrada resumen con las listas publicadas desde 2010, incluido. Tengo recuerdo cierto de haberlas hecho también en años anteriores, pero no he dado con ellas. Al repasar las que he encontrado, no me reconozco en alguna elección, ni tampoco en algún descarte. No era la misma persona en 2010 que ahora. Supongo que un lector atento dará eso por descontado y cuento con su indulgencia.

Hasta el año 2016, las listas se publicaron en otro blog y sólo incluían películas.  En el 2017 añadí los libros por primera vez.  Desde el 2018, las listas se han publicado en este blog.


Libros y películas de 2020

El año del coronavirus ha sido raro y difícil. Qué voy a decir que no se sepa. El confinamiento estricto de los primeros meses sirvió para que algunos se pusieran al día de lecturas y películas pendientes. En mi caso no fue así y no sé explicar los motivos. Simplemente, las circunstancias me afectaron al ánimo. No tanto el encierro en sí, como el ir comprendiendo lo muy a largo plazo que iba a quedarse la vuelta a la normalidad. Lo que al principio parecía que iban a ser unas semanas complicadas se terminó viendo que iban a ser unos meses, y luego quizás un año o más bien varios. Así que leí poco y vi pocas películas. Además, fui al cine por última vez en marzo y ya no volví en todo el 2020. Como lamento cinéfilo del año, queda que durante el verano se proyectaron El bazar de las sorpresas de Lubitsch y El rayo verde de Rohmer en un cine de la ciudad donde vivo y, después de pensármelo, decidí no ir a verlas. Son dos de mis diez o veinte películas preferidas, así que sentí de veras perderme la ocasión de verlas en una pantalla de cine.

Anton Walbrook en La ronda (1950), de Max Ophüls

Empiezo con los libros que más me han gustado este año, de entre los pocos leídos. Algunos años he ordenado mis listas por orden de preferencia y otros años no. En esta ocasión, todas las listas que aquí cito han sido elaboradas con un cierto orden de preferencia.

  1. Las moras agraces y Rincones sucios, de Carmen Jodra, la poeta madrileña fallecida tan joven en 2019. Celebro además la noticia de que su editorial, La bella Varsovia, anunció una pronta publicación de El libro doce, con poemas inéditos.
  2. La broma, de Milan Kundera. A lo mejor me gustó mucho más su comienzo que su final. Me gustaron muchísimo las primeras doscientas páginas o así. A partir de cierto salto temporal, me pareció que cambiaba un poco el tono de la novela y no siempre encajé bien con el sentido del humor de Kundera. A continuación leí La ignorancia y apenas me interesó. Por cierto, en este último es donde Kundera explica la paradoja matemática de la nostalgia.
  3. La metamorfosis, de Franz Kafka
  4. La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig
  5. Visto y oído, de Pedro García Cuartango
  6. Actos obscenos en lugar privado, de Marco Missiroli
  7. Distante, de Marie Modiano


Me hubiera gustado mucho que se publicara en español la última novela de Patrick Modiano, Encre sympathique, que salió en Francia en el otoño de 2019. Más de un año después, no me consta, o no lo he sabido, que Anagrama la vaya a publicar aquí, ni que María Teresa Gallego Urrutia la esté traduciendo. Ojalá sea eso, falta de información mía, o retrasos comprensibles por las especiales circunstancias de 2020, y finalmente el libro se publique en España en 2021. Cruzo los dedos.


A continuación, una lista de las películas recientes que más me han gustado, vistas por primera vez en 2020, algunas en cine y otras por otros medios.

  1. Los consejos de Alice, de Nicolas Pariser
  2. Mademoiselle de Joncquières, de Emmanuel Mouret
  3. Richard Jewell, de Clint Eastwood
  4. El oficial y el espía, de Roman Polanski
  5. Roubaix, une lumière, de Arnaud Desplechin
  6. Francia contra los robots (c), de Jean-Marie Straub


Y unas películas que aún no he visto pero me interesaban mucho y que seguramente hubiera incluido en mi lista de haber podido: Rifkin's festival, de Woody Allen, La voz humana, de Pedro Almodóvar, Vitalina Varela, de Pedro Costa, Le sel des larmes, de Philippe Garrel, Ondina, de Christian Petzold, y Grass y The woman who ran, de Hong Sang-soo. Anoto también como contrariedad cinéfila el retraso en la edición en DVD o bluray de La virgen de agosto, de Jonás Trueba. Se anunció para febrero, luego para diciembre y, que sepa, en estos momentos no tiene fecha prevista en España. Sin embargo, hay anunciado un bluray en Francia para febrero.


He preparado una lista de películas no recientes vistas por primera vez en 2020.

  1. La ronda, de Max Ophüls (cada día Ophüls me gusta más)
  2. Hombres errantes y Busca tu refugio, de Nicholas Ray
  3. Tú y yo, versión de 1939, de Leo McCarey
  4. Vivir para gozar, de George Cukor
  5. True heart Susie e Isn't life wonderful, de David W. Griffith
  6. Círculo rojo, de Jean-Pierre Melville
  7. Recuerdos del ayer, de Isao Takahata
  8. Primavera en otoño, de Clint Eastwood
  9. El viajero y Ten, de Abbas Kiarostami
  10. El crack y El crack II, de José Luis Garci


Para terminar, una última lista breve con reconsideraciones. Se trata de películas vistas por primera vez hace años, que en su momento no me convencieron, que he vuelto a ver en 2020 y que me han encantado. A veces uno se confunde y se ciega, no es tu día o una película te llega demasiado pronto y en otro momento se ve todo mejor. Las veo ahora y me pregunto, con cualquiera de las tres, cómo pudieron no gustarme la primera vez.

  1. Marnie, de Alfred Hitchcock
  2. Tú y yo, versión de 1957, de Leo McCarey
  3. Sólo los ángeles tienen alas, de Howard Hawks


Y esto es todo. Cuídense en lo posible y ojalá que 2021 sea mejor año para todos.


lunes, 4 de mayo de 2020

«Sólo los amantes sobreviven» (2013), de Jim Jarmusch

Argumento: los protagonistas son Eve y Adam, una pareja de vampiros.  Él, además de vampiro, es un músico desencantado de la humanidad que vive recluido en una mansión en Detroit.  Ella vive en Tánger, pero acude a Detroit cuando las enésimas señales del hastío de vivir de él aparecen de nuevo.  La inesperada llegada de Ava, una hermana de ella también vampira, y los aprietos en que los pone echan a perder el paraíso particular de la pareja.
 
 
Qué: según se contó en su momento, reunir la financiación y los actores para Sólo los amantes sobreviven le costó a Jarmusch cinco años.  En ese tiempo, cambió el guión del propio Jarmusch, pues lo fue despojando de acción y del tipo de acciones que, en un sentido clásico, hacen avanzar una trama.  Queda una sucesión de momentos que muestran cómo son y cómo sienten Eve y Adam.  La muestra tiende a la abstracción y se impregna del sentido del humor absurdo e imperturbable de Jarmusch.
 
Ese sentido del humor no impide que Sólo los amantes sobreviven me parezca la película de una persona bienhumorada y que esté llena de juegos y de guiños.  Pese a tratar de dos vampiros, desde luego evita cualquiera de los lugares comunes del género de terror.  Y los guiños apuntan en todas direcciones.  Por ejemplo, a la autoría de Shakespeare y Marlowe, a Kafka, Poe y Buster Keaton, o a El Quijote, La broma infinita y Las mil y una noches.
 
 
El título de la película, que sólo quienes aman sigan vivos, es casi un acto de fe que, además, hay que entender en sentido figurado.  Así, es muy sugestivo ver a Eve afirmar que «Detroit resurgirá» cuando se maravilla entre las ruinas abandonadas de la ciudad.
 
De quién: de Jim Jarmusch, que había terminado la década anterior con Los límites del control (2009) y que en los años 2010 hizo Sólo los amantes sobreviven, Paterson (2016) y Los muertos no mueren (2019).  Una de las voces más personales y coherentes que le quedan al cine de Estados Unidos.
 
 

lunes, 27 de abril de 2020

«Tabú» (2012), de Miguel Gomes

Argumento: empieza la película en Portugal, en la actualidad de 2012, y sale un letrero que dice «Paraíso perdido». Hay una mujer mayor, Aurora, muy enérgica e independiente, acostumbrada a hacer su voluntad, pero también algo despistada de la cabeza. Aurora fallece, pero poco antes ha mencionado a un tal Ventura, que a nadie le suena y de quien nadie sabe nada.

 
Cuando lo encuentran, Ventura es también un señor muy mayor y muy aficionado a la charla que cuenta una historia. La historia que cuenta, que también vemos, es la segunda mitad de la película, llamada sencillamente «Paraíso». Esta parte está contada como una película muda. Vemos a los personajes moverse y hablar entre ellos, pero el diálogo nunca se oye, sólo la narración en off de Ventura. Es la historia de amor entre Aurora y Ventura, más jóvenes, en África, en los años sesenta, al final de la época colonial, a espaldas del marido de ella.

 
Qué: la película abarca más cosas. Entre otras, contrapone la fea realidad y su recreación bonita e idealizada, Portugal y África, la actualidad de 2012 y los años sesenta, la memoria y su invención, los recuerdos ciertos y los fantaseados, la certeza y la nostalgia, la juventud y la decrepitud, la ilusión y su evocación.

 
Una de las muchas virtudes de la película es la mención explícita al paraíso y al paraíso perdido, porque todo en el Tabú de 2012 de Miguel Gomes homenajea a otra película. Se trata de Tabú de 1931 de F. W. Murnau, que también contaba una historia de amores difíciles y se dividía en dos partes, allí situadas al revés, paraíso y paraíso perdido.
 

De quién: en la década de los años 2010, el portugués Miguel Gomes rodó también su personalísima versión de Las mil y una noches. Una fantasía, muy libremente inspirada en la estructura del libro clásico, que se estrenó en cines en tres partes a lo largo de 2016 para hacer asimilables sus seis horas de duración.

martes, 7 de abril de 2020

«Valor de ley» (2010), de los hermanos Coen

Argumento: la película está contada por la voz en off de una mujer adulta, que recuerda cuando, siendo adolescente, trató de vengar el asesinato de su padre. Para localizar al asesino, tuvo que contratar a Rooster Cogburn, un alguacil tuerto, pendenciero, borracho y fanfarrón que encarna Jeff Bridges.


Qué: los hermanos Coen siguen revisitando géneros muy clásicos del cine, en este caso, las películas del Oeste, pero aportando su punto de vista descreído, irónico o directamente cómico. De Valor de ley no debe olvidarse que está contada por una mujer que, en la distancia del tiempo, recuerda un episodio de su vida que la marcó. Podría ser una película de venganzas, de acción, de aventuras.

Lo es y con brillantez, pero es también una rememoración del aprendizaje y del tránsito de la niñez a la madurez. Una sucesión de episodios muy caracterizados en el cine del Oeste, el paso del río, la emboscada, el duelo, la cabalgada nocturna bajo un cielo estrellado, la pérdida del caballo. Si resuenan, no es por su eficacia narrativa, sino porque, como los cuentos, Valor de ley se sirve de ellos para hablar del aprendizaje vital y del eco que deja.

De quién: con los hermanos Coen no hacen falta presentaciones a estas alturas, ni recordar que Muerte entre las flores (1990) o Fargo (1996) son excelentes. De su trabajo entre los años 2010 y 2019, destacaría también A propósito de Llewyn Davis (2013). Por su luz invernal sobre Greenwich Village y su gato naranja de nombre homérico, Ulises. Y por su retrato de la cara b de una bohemia fracasada que duerme en sofás prestados porque no tiene otro sitio donde hacerlo.