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lunes, 27 de diciembre de 2021

Libros y películas de 2021


Amanda Langlet en Cuento de verano

Me cubro de gloria cada vez más. He leído poquísimo este año y pensaba que era una especie de crisis arrastrada desde el confinamiento de 2020, pero he echado un vistazo a la selección de 2019 y comenzaba diciendo eso mismo. Los años en crisis no son dos, por tanto, sino tres. Confío en no llegar al lustro. De entre todo lo leído, libros que me apetezca destacar, sólo los tres siguientes, por orden de preferencia:

  • Crimen y castigo, de Dostoievski
  • Elogio de la quietud, de Pedro García Cuartango
  • Debord en Lavapiés, de Faustino Sánchez

Con las películas voy a dejar dos listas, una de películas recientes vistas por primera vez y otra de películas no tan recientes vistas también por primera vez. No he hecho lista de películas repasadas. Si la hiciera, seguro que incluiría al menos varios Rohmer (Mi noche con Maud, Pauline en la playa, El rayo verde y Cuento de verano), varios Lubitsch en cine (Ángel, Ser o no ser y El diablo dijo no) y varios Nicholas Ray en cine (Johnny Guitar y Chicago, años 30).


Lista de películas recientes, por orden de preferencia:

  • Las cosas que decimos, las cosas que hacemos, de Emmanuel Mouret
  • Tres pisos, de Nanni Moretti
  • Petite maman, de Céline Sciamma
  • Cry macho, de Clint Eastwood
  • La ruleta de la fortuna y la fantasía, de Ryusuke Hamaguchi
  • La mujer que escapó, de Hong Sang-soo
  • Madres paralelas, de Pedro Almodóvar
  • La sal de las lágrimas, de Philippe Garrel
  • Y el segundo segmento de Quién lo impide, de Jonás Trueba, el del viaje de estudios de Pablo y la excursión a Portugal de Candela.


Lista de películas no tan recientes, vistas por primera vez, por orden de preferencia:

  • Tres camaradas, de Frank Borzage
  • La viuda alegre, la versión de Ernst Lubitsch
  • La escuadrilla del amanecer y La comedia de la vida, de Howard Hawks
  • Oki's movie, de Hong Sang-soo
  • El mundo sigue, de Fernando Fernán Gómez
  • Pandora y el holandés errante, de Albert Lewin

En el mes de diciembre hice mi propia versión de un calendario de Adviento, en la que cada día figuraba abrir una cajita, de la que salía un papel con una mención a algo que me gustase. Dejo la lista de lo que fui escogiendo.

01: La educación sentimental, de Flaubert. 02: City girl, de Murnau. 03: Nighthawks, de Edward Hopper. 04: Corazón tan blanco, de Javier Marías. 05: las fotografías de Vivian Maier. 06: la música de Leonard Cohen. 07: El mundo de ayer, de Stefan Zweig. 08: El rayo verde, de Rohmer. 09: las fotografías de Christer Strömholm. 10: Por el camino de Swann, el único tomo que he leído del tiempo perdido de Proust. 11: Rue Saint Honoré, de Pissarro, y la Puerta del Sol, de Martínez Cubels. 12: las películas Yasujiro Ozu. 13: Todo cuanto amé, de Siri Hustvedt. 14: la música de Christina Rosenvinge. 15: las fotografías de Robert Doisneau. 16: los libros de Patrick Modiano, todos, pero especialmente En el café de la juventud perdida. 17: Besos robados, de François Truffaut. 18: la representación de La Traviata con Anna Netrebko y Rolando Villazón. 19: Rojo y negro, de Stendhal. 20: El bazar de las sorpresas, de Lubitsch. 21: La buenaventura, el cuadro de Romero de Torres. 22: El hijo secreto y Los amantes habituales, de Philippe Garrel. 23: Las dos manos derechas a punto de enlazarse, de Rodin. 24: Suave es la noche, de Francis Scott Fitzgerald.

*****

En algún momento reparé por casualidad en que se cumplían 25 años del estreno de Cuento de verano, de Rohmer, y quise escribir sobre ella, pero al final no lo hice. La vi varias veces, precisamente en verano, y me acordé de cuando la vi la primera vez en 1996, en un cine que ahora es teatro. Pensé mucho en su final. Es una película en la que siempre me quedo a vivir durante unos días, cuando la veo, y a imaginarme por mi cuenta si Margot y Gaspard vuelven a verse y si eso tiene sentido. No se han dicho nada que no sean vaguedades y la canción que Rohmer hace sonar al final habla de un marinero de Saint-Malo (cerca de Dinard, donde se sitúa Cuento de verano) que se embarca a San Francisco y se siente triste porque deja atrás a una chica llamada Margot.



Eso hace pensar que no vuelven a verse. También es cierto que ella menciona, medio en broma, medio en serio, la posibilidad de verse en la cercana Rennes en el otoño. Siempre pensé que era una mención demasiado fugaz como para considerar que ni Margot, ni Gaspard, la pudieran tomar en serio. Pero este verano busqué y escuché completa la canción del final. En la canción completa, el marinero vuelve a Saint-Malo y se reencuentra con Margot, que lo ha esperado.

No sé, tal vez en el otoño Margot y Gaspard hacen por volver a verse en Rennes. Me gusta más así.




lunes, 19 de julio de 2021

El tiempo del amor, los amigos y las aventuras

Quizás un subgénero cinematográfico con entidad propia sea el de las películas de veranos y de playas. Serían películas vacacionales, de tiempos muertos, ocio, paseos, oportunidades, flirteos, aprendizajes, despedidas, viajes, nuevos planes, viejos planes, entradas, salidas, pérdidas de tiempo, sobre estar fuera de lugar, sobre dejarse llevar.



El primero de la lista, por afinidad y por volumen, es Éric Rohmer. Aparte de los ciclos que él mismo dejó establecidos, los cuentos morales, las comedias y proverbios y los cuentos de las cuatro estaciones, una manera de agrupar algunas de sus películas serían las películas rohmerianas de veranos y de playas. Cuento de verano, lógicamente, también El rayo verde, que es mi Rohmer preferido, Pauline en la playa, La coleccionista, La rodilla de Claire, el desenlace de Mi noche con Maud, que paradójicamente es una película invernal. Tengo dudas de Nadja en París y de El amigo de mi amiga, que no son de playas, pero me parece recordar que sí de veranos. Serían entonces veranos urbanos, un subgénero dentro del subgénero.


Si Rohmer es el primero, Jacques Rozier sería el siguiente y desde luego el que más específicamente abordó el subgénero. Sus dos películas principales, Adieu Philippine y Du côté d'Orouët, son esencialmente vacacionales y tan distendidas como sólo puede serlo un veraneo libre y sin rigideces. Adieu Philippine trata de un chico que ocupa su tiempo con dos chicas, en sus últimos días antes de incorporarse al ejército durante la guerra de Argelia, y Du côté d'Orouët trata, estrictamente, de un veraneo. Empieza en los últimos días laborales de agosto de un grupo de amigas en una oficina y cómo se van de vacaciones a una casa en la playa y termina con la reincorporación al trabajo en septiembre. Quizás sea de las películas que mejor han recogido la melancolía de los últimos días de vacaciones, la sensación del final del verano, cuando los veraneantes se empiezan a ir y se acaba la fiesta, y la de los primeros días de septiembre, cuando se regresa obligado a la vida anterior. Rozier, que aún vive, ha salido en la prensa últimamente, por la posibilidad de que a sus 94 años sea desahuciado del piso alquilado en que vive con su mujer.


También Jacques Rivette hizo del verano un contexto que explorar en sus películas. Céline y Julie van en barco es de veranos urbanos, cuando las ciudades se vacían y se redescubren los viejos lugares con otra mirada, más limpia y dispuesta a dejarse sorprender. Cuando, bajo la mirada de un gato ocioso, se sigue el rastro de alguien que cruza con mucha prisa y París se convierte por azar en el país de las maravillas. Aunque me gusta menos, veraniega es París nos pertenece, sobre una estudiante que se queda en París en verano y cómo descubre y se ve envuelta en una extraña conspiración, algo que el resto del año, en otras condiciones, no hubiera ocurrido. También Alto, bajo, frágil, en la que Rivette volvía sobre la idea de chicas que se quedan solas en París en verano y les ocurren cosas extrañas, misteriosas o extravagantes, que no les hubieran ocurrido de otro modo. La bella mentirosa, aunque ocurra en verano y sea, por otra parte, una película maravillosa, no me parece que sea un ejemplo de película de verano, ni de veraneos. Tampoco El último verano, el título español que le endosaron a la última película de Rivette. El título original era otro y no tenía nada que ver, ni contenía referencias al verano.



Billy Wilder tuvo unos cuantos veranos memorables. La tentación vive arriba, sobre un rodríguez y sus fantasías a propósito de una nueva vecina rubia. Está Avanti!, sobre unos días en otro país, con otras personas, otro tiempo y otra lengua. Quizás una película que merece mejor renombre del que tiene. Otra es Con faldas y a lo loco, que transcurre en gran parte en Florida, pero no creo que sirva como ejemplo. El argumento va por otra parte y no explota la idea del veraneo.


Hay películas que recuerdo como muy calurosas, pero no especialmente veraniegas. Me ocurre con muchas asiáticas. Se me vienen a la cabeza imágenes de algunas películas de Hou Hsiao-hsien y dudo de si sirven. Casi siempre parece hacer mucho calor y humedad, pero sinceramente desconozco cuánto de eso es estacional u ocasional o si es que su clima es siempre así. Un verano en casa del abuelo sí es absolutamente vacacional y veraniega. Quizás también algunos momentos de Los chicos de Fengkuei, pero luego no sabría decirlo de otras. Y otro tanto con Edward Yang. Es tentador incluir Un día de verano, porque, ah, lleva la palabra verano en el título. Sólo que ése no es su título. La llamaron así para la difusión internacional, pero el título original no hacía referencia al verano, ni parecido, sino a un crimen que ocurrió en los años sesenta en Taiwán y del que, ciertamente, se ocupa una parte de la película. Hong Sang-soo sí tiene algunas películas marcadamente veraniegas. Aunque sea porque Noche y día transcurre durante unos días de verano que un chico coreano pasa de visita en París, o porque La cámara de Claire, aparte de homenajear a Rohmer en su título, se sitúa en la playa en días amarillos de verano. De los japoneses clásicos, Ozu puso nombres de estaciones a varias de sus películas. En lo veraniego, una es El principio del verano. Paradójicamente, la que aquí se llama El otoño de los Kohayagawa tiene como título internacional The end of summer. Naruse tiene Nubes de verano. Mizoguchi tiene Cuentos de la luna pálida, título que a veces se cita extensamente como Cuentos de la luna pálida después de las lluvias de agosto. Con todas ellas dudo de si sirven, porque no hay una incidencia especial de lo estival, más allá del título que tienen.


Ahondando en el cine americano, quizás la más bonita película vacacional sea la gran Vacaciones en Roma, de William Wyler, que cumple muchos criterios: verano, estancia en ciudad desconocida, deambular sin rumbo fijo, encuentro y flirteo con personas desconocidas, aprendizaje personal. Me gustan mucho y podrían encajar La taberna del irlandés y Barco a la deriva, de John Ford. Quizás no sean estrictamente veraniegas, pero sí muy distendidas y joviales. También dos películas de Hitchcock: La ventana indiscreta, que sucede en un caluroso verano que obliga a dejar las ventanas abiertas, y Atrapa a un ladrón, vacacional y de extranjeros que corren aventuras en localidades playeras de otro país. Moonrise kingdom, de Wes Anderson, con la bonita escapada romántica a la playa de dos jovencitos, mientras oyen canciones de Françoise Hardy. Hubo un tiempo en que se hacían películas de veranos y campamentos juveniles, pero no recuerdo ninguna por su título. En mi cabeza todas se llaman “El campamento de los albóndigas” y en todas salen Bill Murray y Michael J. Fox. Hay una película mucho más reciente, Adventureland, de Greg Mottola, que transcurre en un parque de atracciones, durante un verano de la adolescencia, pero que cumple todos los criterios de las de campamentos: verano, romance juvenil, aprendizaje personal, la melancolía de septiembre. De veranos juveniles de mochileros podría ser Antes del amanecer, de Richard Linklater. Un clásico de las películas de veranos podría ser Verano del 42, en la línea de despedida de la infancia. 10, la mujer perfecta, de Blake Edwards, sería una excelente película de playas y crisis de la mediana edad. Su juego favorito, de Howard Hawks, si no es veraniega lo parece y, si no es de campamentos, es de concursos de pesca. Como las antes citadas de Ford, es distendida y jovial y también una de las películas que más me han hecho reír en la vida. Woody Allen habrá hecho de todo en todas las estaciones y es complicado acordarse. Por lo menos algunas escenas de Hannah y sus hermanas transcurren en verano y al menos algunas de Todos dicen I love you transcurren durante unas vacaciones. Se podría pensar también en La comedia sexual de una noche de verano, pero de memoria no recuerdo cuánto hay de específicamente veraniego, aparte del título.


Esa película de Allen nos obliga a recordar a Bergman y su Sonrisas de una noche de verano. Juegos de verano es romántica, estival y juvenil y también lo es Un verano con Mónica, que además es uno de los más grandes veranos cinematográficos que se hayan hecho. Las escenas más nostálgicas de Fresas salvajes venían de la evocación de los veranos de juventud. Algún segmento de Persona está situado cuando las dos mujeres se van a la casa de la playa a apartarse un poco del mundo. Pero Persona es de las películas de tono más grave de Bergman y no creo que encaje en la ligereza de lo que entiendo como cine de verano. Siguiendo con otros ejemplos del cine europeo, estaría Chantal Akerman y dos películas suyas, Toda una noche y Noche y día. La segunda la incluyo porque es completamente veraniega, pero no me entusiasma. Toda una noche, sí, mucho. Es de las películas grandes de Chantal Akerman y ha dejado su huella. Muchas de las imágenes que puedan verse más frecuentemente de personas solas en un entorno urbano, en una noche de verano, remiten a esa película, sea de modo consciente o no. El verano de Jacques Tati y su Las vacaciones del señor Hulot, claro. Y siguiendo con el cine francés estarían Renoir y Una partida de campo y La comida en la hierba, Assayas y Las horas del verano, Carax y Mala sangre, Téchiné y Los juncos salvajes, Jean Rouch y Crónica de un verano, Michel Deville y Noche de verano en la ciudad, Maurice Pialat y los primeros minutos de A nuestros amores, otra película que ha dejado una inmensa huella, rastreable pero no siempre expresamente reconocida en el cine francés. Tengo dudas con Un verano ardiente, de Philippe Garrel, que no recuerdo, a pesar de su título, como especialmente veraniega y desde luego no es muy diferente en su tono de otras películas invernales de Garrel. Y también las tengo con Mes petites amoureuses, de Jean Eustache, aunque en este caso me inclino a favor. Puede que no sea completamente veraniega, pero algo tiene: las visitas al pueblo, las pandillas de amigos, las diferencias de cómo han evolucionado unos y otros un año después de verse la última vez.


En el cine italiano me acuerdo de Nanni Moretti y el paseo en Vespa por una Roma desierta en agosto en el primer episodio de Querido diario. Las tres películas famosas de Antonioni transcurren en días de verano, La aventura, La noche y El eclipse, las tres caracterizadas por la idea de la caducidad de las relaciones personales. La gran belleza, de Sorrentino, es excesiva y grandilocuente, pero al fin y al cabo todo el secreto que encierra su personaje es un puro verano que se busca y no se encuentra. En otras latitudes, se me vienen algunos ejemplos veraniegos de Tarkovsky. En La infancia de Iván, los sueños del protagonista son recuerdos felices de juegos infantiles con su hermana en la playa. En El espejo, tienen un contexto veraniego y de buen tiempo las partes que se corresponden con recuerdos infantiles del narrador o con recuerdos de sus padres en esa época.


Veraneos del cine español también los hay. Los exiliados románticos, de Jonás Trueba, y La virgen de agosto, son ejemplos perfectos. Sobre todo la segunda, que explora la idea de tratar de mirar con otros ojos y redescubrir la ciudad propia y que hace de los encuentros y las idas y venidas amistosas y románticas toda su razón de ser. Además, refleja una ciudad con verbenas de verano, personas que se encuentran y quedan, con vida en sus fotogramas, que ahora con la pandemia del coronavirus a mí me da mucha nostalgia recordar. Novio a la vista, de Berlanga, con guión de Edgar Neville, es de playas mediterráneas, veraniega y encantadora. Cría cuervos, de Saura, es maravillosa, pero le ocurre como a Persona. Su tono es tan sombrío y opresivo, que por mucho que suceda durante unas vacaciones escolares, es casi una antítesis de lo que entiendo por cine de verano. Fedra, de Mur Oti, es playera y mediterránea, pero no sabría recordar si particularmente veraniega. Y, por último, veraniega y vacacional sí es El próximo otoño, de Antonio Eceiza, con guión de Víctor Erice, y su flechazo de un chico español por una chica francesa que está pasando unos días aquí.